

El muro no es un soporte: es un interlocutor

Cuatro versiones de SOMOS CALLE, el festival que invirtió el orden del arte urbano en Barrio Abajo: primero la conversación, después el aerosol
En este vlog
Los que pintamos calle sabemos que hay una diferencia enorme entre pintar un muro y pintar con un barrio. La primera es una obra. La segunda es un acuerdo.
Durante diez años, Barrio Abajo se llenó de color. El Par Vial de la carrera 50, la 48 con 54, la 53 con 48, la 52 con 47: intervenciones que volvieron el barrio una plataforma multicolor y parada obligada del turismo cultural. Yo mismo he celebrado varias de esas piezas. Pero hay que decirlo con honestidad de oficio: casi todas llegaron como legado, como dotación. El proceso artístico en el centro y el vecino mirando desde la acera. Un barrio pintado no es lo mismo que un barrio que pinta.
SOMOS CALLE, el Festival de Arte Urbano Ciudadano del Barrio Abajo, nació justamente para invertir ese orden. Y lo hizo con una decisión metodológica que a mí me parece la más importante de todas: primero el taller, después el muro.
El 1 de abril se hicieron tres talleres formativos. No de técnica, no de aerosol: de ciudadanía. Los temas los eligieron los propios jóvenes en conversación con artistas y talleristas. Salieron tres: el respeto hacia los vecinos, la solidaridad como apoyo emocional entre pares, y la valentía como valor femenino de las muchachas del barrio. De ahí —y solo de ahí— salieron los bocetos.
Ese detalle técnico lo cambia todo. Un boceto que nace de una conversación comunitaria ya no es una propuesta del artista: es un acuerdo con firma colectiva. Cuando llega el día de subirse al andamio, uno no está interpretando al barrio. Está ejecutando lo que el barrio dijo.
Los días 22 y 23 de abril, la calle 49 con carrera 53 se cerró para trabajar. Toda una cuadra convertida en fiesta ciudadana. Quince jóvenes entre 18 y 35 años, seis artistas y talleristas y doce personas en producción: treinta y tres personas moviéndose alrededor de tres paredes, con Ismael Díaz facilitando la co-creación y Roberto Barraza en la coordinación artística.
Y hubo un gesto que me parece el más elocuente del festival: una de las esquinas intervenidas estaba en condiciones sanitarias irregulares. Era el rincón que nadie quería. Hoy es un mural. En arte urbano eso tiene nombre propio: no embellecimos una pared, le cambiamos la función a un lugar. Un punto que la gente evitaba se volvió un punto donde la gente se encuentra.
Nada de esto se sostiene solo. La Junta de Acción Comunal acompañó desde el primer día —sin la JAC uno no trabaja con el barrio, trabaja en el barrio—. Se sumaron Alianza Team, la Universidad de la Costa, la Alianza Francesa, el colectivo Colorbia y la empresa AIRE desde su gerencia social. Las piezas llegaron a más de 2.500 personas en redes, y las tres intervenciones entraron al circuito de arte urbano del Área de Desarrollo Naranja.
Pero el resultado que más me interesa no se mide en metros pintados. El informe lo dice sin rodeos: el barrio venía con un problema de relevo generacional, con jóvenes desconectados de las tradiciones y los procesos artísticos que le dan identidad al territorio. SOMOS CALLE los volvió a conectar. No dándoles una charla sobre patrimonio, sino poniéndoles un rodillo en la mano y preguntándoles qué querían decirle a su cuadra.
Cuatro versiones después, el festival demostró que el arte urbano ciudadano no es decoración con discurso: es una metodología de convivencia que funciona. Que se puede prevenir violencia con color cuando el color lo escoge la comunidad. Que el muro no es un soporte, es un interlocutor.
Por eso el nombre está bien puesto. No decimos "pintamos la calle". Decimos: somos calle.
SOMOS CALLE · Festival de Arte Urbano Ciudadano en el corazón de Barranquilla, Barrio Abajo · Fundación Abriendo Puertas al Desarrollo del Individuo · Proyecto apoyado por el Programa Nacional de Concertación Cultural del Ministerio de Cultura


